ecoaldeas

December 2, 2009
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Alternativa de vida saludable
Las ecoaldeas suponen una nueva forma de vivir en comunidad en un entorno rural

02/12/2009 Sara Puértolas, Universidad San Jorge
tomado de el periodico de Aragon
http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/noticia.asp?pkid=542750

Lo bio y lo eco están de moda. El fenómeno de proteger y cuidar el medioambiente se está extendiendo en los últimos años en Aragón. La idea de vivir en contacto con la naturaleza atrae cada vez a más gente que vive en la ciudad.

Algunos de los habitantes de las grandes ciudades buscan una vida más tranquila y saludable fuera del ruido y la contaminación de la metrópoli. Las ecoaldeas ofrecen la posibilidad de escapar de todo eso y de empezar de nuevo en una comunidad rural. La sociedad tacha de hippies a estas personas, pero ellos prefieren llamarse neorrurales.

La iniciativa de las ecoaldeas en Aragón surge de la necesidad de una vida sostenible que respete y cuide el entorno natural. Ligadas a estas aparecen las primeras agrupaciones aragonesas de neorrurales. La asociación Artiborain, por ejemplo, es una agrupación cultural sin ánimo de lucro cuya meta es promover la reconstrucción y rehabilitación de pueblos abandonados. Por el momento, abarca los pueblos de Artosilla, Ibort y Aineto, todos situados en la zona de La Guarguera, Huesca. Los tres fueron abandonados cuando sus habitantes envejecieron y la juventud acabó emigrando a la ciudad, durante los años 60. Dos décadas después, la asociación llegó hasta allí y decidió recuperar la zona.

Cesión por convenio

La Diputación General de Aragón cedió estos tres núcleos a Artiborain en 1986. El convenio que firmaron establece que la propiedad de Artosilla, Ibort y Aineto pertenece a la consejería de Medio Ambiente del Gobierno de Aragón. Después de dos primeras cesiones por cinco años, se consiguió una tercera por 20 años, que finaliza en el año 2018. A pesar de esto, el Ayuntamiento de Sabiñánigo es el que facilita los servicios básicos, ya que las tres ecoaldeas se encuentran dentro de su término municipal, según explica su alcalde, Jesús Lasierra. Cada uno de estos núcleos rurales tiene, por su parte, un representante que hace llegar la información, sugerencias y demandas al Ayuntamiento.

Como las tres aldeas se encuentran en territorio sabiñaniguense, se incluirán en la próxima modificación del Plan General de Urbanismo del municipio, junto con otros 26 pueblos más que faltaban por integrarse en el plan anterior.

La densidad de población de estos tres lugares es muy baja. En Aineto hay censadas 42 personas, 14 en Artosilla y 50 en Ibort, según los últimos datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística en 2008.

La organización comunitaria

La economía de los pueblos que forman Artiborain se basa en la recuperación de oficios tradicionales. Hay carpinteros, artesanos, ganaderos, bioconstructores, y un traductor. Además, los habitantes emplean técnicas que favorecen la conservación del medioambiente, como la bioconstrucción, que utiliza materiales naturales y reciclables para la reconstrucción de edificios. «Gracias a esta técnica se han reparado la mayoría de los edificios antiguos », afirma Agustín Montero, uno de los fundadores de la asociación. Muchos vecinos poseen huertos y animales de corral en sus casas. Practican la agricultura ecológica, que les permite obtener alimentos orgánicos sin emplear productos químicos que perjudiquen al medioambiente y la fertilidad de la tierra.

En cuanto a la educación, hay una escuela en Aineto con una maestra fija y algunos profesores de apoyo que acuden varios días a la semana. La escuela de Aineto fue la primera de estas características que se reabrió en Aragón después de un periodo de 30 años durante el cual el Ministerio de Educación y Ciencia clausuró escuelas en todo el ámbito rural. Aquí acuden los niños de Artosilla, Aineto y otros pueblos colindantes, como Solanilla, pero no los de Ibort, que asisten al colegio de Sabiñánigo «por motivos de cercanía», comenta Agustín Montero.

Con reglas propias

Las ecoaldeas tienen unas normas generales y deciden sobre las tierras cedidas por el Gobierno de Aragón, las viviendas y los nuevos habitantes, entre otros asuntos. Dentro de cada aldea también hay unas reglas comunes para sus habitantes, que deben respetarse al máximo. Entre ellas, destaca el periodo de prueba que tienen que pasar los aspirantes a nuevos vecinos para ser aceptados en el pueblo. Este plazo varía en cada lugar, por lo que no hay un tiempo definido.

No por ser pueblos restaurados dejan de ser pueblos tradicionales. Las fiestas patronales continúan celebrándose igual que hace 40 años. Los antiguos habitantes se reúnen con los nuevos y celebran San Miguel. En Ibort, festejan la Cruz de Mayo. Los aldeanos suben en romería hasta el monte Santa Cruz, almuerzan y regresan a comer al pueblo. En Artosilla prefieren celebrar San Andrés, patrón de la zona. Por su parte, La vieja remolona es la fiesta que se celebra en la zona de Aineto coincidiendo con la fecha de Halloween. Ese día los habitantes van por las casas en busca de dulces y comida, y cuando recogen todo hacen una gran merienda para los vecinos del pueblo.

La formación de ecoaldeas es una más de las consecuencias de la ajetreada y contaminada vida en la ciudad. Gracias a esta práctica, los vecinos que comparten el deseo de llevar una vida más natural tienen en sus manos la posibilidad de conseguir que estos lugares lleguen a ser lo que, años atrás, sus antiguos habitantes lograron que fuesen

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